Encajar, encerrar, definir, etiquetar… Intentar encasillar a Pablo Lecroisey  más que inexacto es desacertado. Incluso concebirlo bajo el prisma de “fotógrafo” resulta limitado. Sus amigos le consideran un auténtico refugio. Saben que oculta algo intrínseco que solo puede transmitir con su obra y es inseparable de su ser. Se expresa con su arte y más allá, silencio. Entiende que la fotografía  conforma los primeros pasos de un nuevo lenguaje amplio y evolucionado. Es un artista complejo, una persona fácil de querer y una mezcla de complicada interpretación. Un mar de contradicciones con un hilo conductor cuya mayor fortaleza y coherencia es la fotografía, donde se libera, explora su imaginación y su pasión, ya conocida, por la simbología pictórica. Cuando Pablo enfoca el lente de un retrato su interés no es la foto, es la persona, aunque el resultado sean ambas y él mismo.

Avenue Illustrated n˚ 33 Septiembre  - Octubre 2012

 

El joven artista Pablo Lecroisey (Madrid, 1979) se define como fotógrafo. Y no hay duda de que lo es. Pero al observar su trabajo, pronto uno se da cuenta de que también tiene mucho de dramaturgo. Y es que sus imágenes atrapan un solo instante que, sin embargo, acontece dentro de una puesta en escena completa, que se desarrolla antes y después de que se apriete el gatillo de la cámara. Sus fotografías cuentan una historia en la que se combinan simbologías y metáforas con una exuberante estética, donde cada uno de los personajes ocupan un lugar preciso dentro de una coreografía planeada al milímetro.

«Considero que mis imágenes son mi grito de libertad, cada una de ellas es independiente y pertenece a momentos, vivencias y sensaciones, con personas diferentes en sitios diferentes, el único nexo de unión soy yo y mi forma de hacer las cosas», explica el artista. Y las cosas las hace basándose en un juego de contrastes entre su estilo indudablemente contemporáneo –palpable en los protagonistas y el uso del color– y la influencia de los grandes clásicos pictóricos en la composición.

Esquire. Texto de Pablo Ortega

 

Como si de una obra de teatro se tratase, las creaciones del madrileño de 34 años muestran todo un conjunto de historias, vidas y experiencias que, inevitablemente, se exponen a la mirada de un público ansioso de comprender el significado de la fotografía final. Muchos dicen que la juventud de Pablo Lecroisey parece haber salido de un capítulo de la novela The Outsiders entre aventuras extremas y disparatadas historias. Y aunque a simple vista sea tan solo una metáfora, sus fotografías cargadas de personajes embutidos en vestidos de la bailaora Sara Baras, nos hacen ver que muchas veces, las casualidades no existen.

Neo2

 

Lodo y piruletas es una exposición del fotógrafo Pablo Lecroisey (Madrid, 1979) que derrocha teatralidad por los cuatro costados. Cada fotografía es una puesta en escena, una historia en sí misma. En este juego teatral fotografiado se involucran actrices, Aida Folch, pintores, Ignacio Burgos  o la presentadora de televisión Celia Montalván que se mueven en espacios tan diferentes como La Tabacalera de Madrid o el museo Thyssen-Bornemisza. Los títulos de sus fotografías podrían explicar el estilo fotográfico de Lecroisey, barroco-moderno, teatral…Antes muerta que sencillaEnigma o El día de mañana.

¿Qué pueden tener en común el Museo Thyssen de Madrid, la actriz Aída Folch y un grupo de bailarines de breakdance? A esa pregunta contesta Pablo con su fotografía El día de mañana, en la que muestra un mundo como un lugar en el que la gente podrá bailar en los museos. Donde personas que antes no veían más allá de la rectitud y la monotonía se darán cuenta de que es en las curvas y en el aire donde está la verdadera esencia de la vida. Esa visión del futuro es lo que motivó a Pablo a ponerse en medio de influencias extremadamente diversas para unirlas durante un instante y acercarnos a una visión cuya armonía reside en la discordancia.

Para construir otra de sus obras, El enigma de las 4 ES, el fotógrafo se desplazó a un edificio típico madrileño de principios del siglo XX (Malcampo, 9) donde realizó una reinterpretación de la Fábula de Aracne de Velázquez. El tema de la obra describe el momento en que Palas Atenea, patrona de todas las Artes, se ofendió cuando la doncella Aracne haciendo gala de ser la mejor tejedora de tapices, se atrevió a representar a Zeus como un toro blanco raptando a Europa. En Las Hilanderas Velázquez establece tres planos. En el primero destacan dos figuras femeninas, en el segundo plano, Atenea se revela con todos sus atributos de diosa guerrera y en el tercer plano, se distingue el tapiz de Aracne basado en el cuadro de Tiziano El rapto de Europa. En la interpretación simbólica de Pablo Lecroisey, el título invita al juego de descifrar El enigma de las cuatro es. Esfera Espada, Escalera y Espiral. La esfera está junto a Atenea, como alegoría del mundo. La espada es la doble simbología de la justicia y de la venganza. La escalera simboliza la relación entre los mundos terrestre y superior. La espiral, que está marcada por la toma de la caja de la escalera es otro atributo de Atenea, que hace referencia a la creación, es la espiral creadora. En la interpretación el fotógrafo ha girado e invertido los tres planos de la imagen y alterado la caja espacial renacentista pero la escalera sigue siendo el vínculo común de todos los planos del relato, la comunicación entre el mundo material y el inmaterial.

EL ASOMBRARIO&CO.